El osito que hizo de mí un talismán
He aquí un breve pincelazo de la historia de mi pseudónimo.
Hace unos años, la vida me regaló un Osito de almohada. Era suave, dulce, tierno y rechonchito...ciertamente, quedaba perfecto en mi cama.
Durante unos meses me divertí con él, jugamos y nos reimos juntos y sobre todo, me hacía compañía. Un Osito de almohada es un objeto de compañía de cualquier pequeñaj@... y yo me sentía así, como se suele decir, cual niña pequeña con zapatos nuevos.
Un buen día, ese Osito se encontró aburrido, ya no le divertía mi compañía, ya no 'soñaba' un futuro reciente a mi lado. Yo, al saberlo, comencé mi pataleta particular, que al haberme convertido en una niña, era de lo más acusado...no hay nada peor que una rabieta de un espíritu de niña dentro de un cuerpo de mujer.
Pasaron los días, y pude descubrir que la vida le había regalado aquel Osito a otra persona, y que el Osito era absolutamente feliz con aquella nueva compañía. Desde mi visión infantil de aquellos momentos, y mirando entonces hacia atrás, comencé a analizar mi corta existencia, y ahí fue donde decidí calificarme por primera vez como Talismán. No voy a analizar ese hecho ahora, pero la realidad, para bien o para mal, es que aún sigo siéndolo.
Aunque siga siendo un Talismán, sí que he evolucionado interiormente durante estos pocos años, no me canso de decirlo en mis posts, sobre todo en los últimos meses. Aun sigo recordando esos días de juego, pero desde otra perspectiva.
Sobre el protagonista de este post, ese dulce Osito, sigue estando ahí y sigue haciendo acto de presencia de vez en cuando. Me sigue acompañando en la distancia, aparecía casi diariamente cuando me sentía sola a miles de kms. (no se me olvida, Osito, tu preocupación por mi estado en aquellos momentos), hemos tenido algún día de juegos juntos, y de conversaciones varias en la clandestinidad, pero como antes he comentado, paralelamente a mi evolución interior, mi visión de mis juegos con él ha cambiado. En este momento me alegro sinceramente de su estado, de esa nueva vida que comenzó cuando tomó otro camino, y ahora sé que eternamente podré comunicarme con él aunque sea por señales de humo.
Curiosamente, la moraleja de esta fábula, es algo parecida al título de mi anterior post. No hay nada mejor que "transformar la rabia en amor". Efectivamente, eso lo consigo ahora en días, pero con mi Osito, ese proceso fue mucho más largo...ha tenido una gran recompensa.
Un besazo Osito
Talismán

