30 mayo 2006

El osito que hizo de mí un talismán

He aquí un breve pincelazo de la historia de mi pseudónimo.
Hace unos años, la vida me regaló un Osito de almohada. Era suave, dulce, tierno y rechonchito...ciertamente, quedaba perfecto en mi cama.
Durante unos meses me divertí con él, jugamos y nos reimos juntos y sobre todo, me hacía compañía. Un Osito de almohada es un objeto de compañía de cualquier pequeñaj@... y yo me sentía así, como se suele decir, cual niña pequeña con zapatos nuevos.
Un buen día, ese Osito se encontró aburrido, ya no le divertía mi compañía, ya no 'soñaba' un futuro reciente a mi lado. Yo, al saberlo, comencé mi pataleta particular, que al haberme convertido en una niña, era de lo más acusado...no hay nada peor que una rabieta de un espíritu de niña dentro de un cuerpo de mujer.

Pasaron los días, y pude descubrir que la vida le había regalado aquel Osito a otra persona, y que el Osito era absolutamente feliz con aquella nueva compañía. Desde mi visión infantil de aquellos momentos, y mirando entonces hacia atrás, comencé a analizar mi corta existencia, y ahí fue donde decidí calificarme por primera vez como Talismán. No voy a analizar ese hecho ahora, pero la realidad, para bien o para mal, es que aún sigo siéndolo.
Aunque siga siendo un Talismán, sí que he evolucionado interiormente durante estos pocos años, no me canso de decirlo en mis posts, sobre todo en los últimos meses. Aun sigo recordando esos días de juego, pero desde otra perspectiva.

Sobre el protagonista de este post, ese dulce Osito, sigue estando ahí y sigue haciendo acto de presencia de vez en cuando. Me sigue acompañando en la distancia, aparecía casi diariamente cuando me sentía sola a miles de kms. (no se me olvida, Osito, tu preocupación por mi estado en aquellos momentos), hemos tenido algún día de juegos juntos, y de conversaciones varias en la clandestinidad, pero como antes he comentado, paralelamente a mi evolución interior, mi visión de mis juegos con él ha cambiado. En este momento me alegro sinceramente de su estado, de esa nueva vida que comenzó cuando tomó otro camino, y ahora sé que eternamente podré comunicarme con él aunque sea por señales de humo.

Curiosamente, la moraleja de esta fábula, es algo parecida al título de mi anterior post. No hay nada mejor que "transformar la rabia en amor". Efectivamente, eso lo consigo ahora en días, pero con mi Osito, ese proceso fue mucho más largo...ha tenido una gran recompensa.

Un besazo Osito

Talismán

Transformar la rabia en amor

Curiosa la acción. He de decir que una frase parecida a esa fue el detonante de que, hace pocos meses, mi vida interior comenzara a cambiar.

Bien, hoy la he recordado, debido a la actitud de alguien y a mis ratos de lectura. Nuestro organismo reacciona, cuando uno siente rabia por algo. Nunca me había dado cuenta, la gente que me conoce sabe qué parte de mi organismo es la que está más dañada o resentida por temporadas. Aunque empíricamente tengo demostrado cuál es el origen de ese resentimiento, hoy he visto una clara conexión entre esas crisis y mi estado de ansiedad, rabia y desasosiego interior. La verdad es que he pasado un mal rato, y haciendo recuento y mirando hacia el pasado, me he dado cuenta que esas crisis han ocurrido siempre paralelamente a algún mal estado interior.

"¡¡BASTA YA!!" me he dicho, "cualquier día, no sales de una de estas y sabes que puedes perfectamente controlarlo, sólo tienes que ser consciente de ello." Cuando una es responsable de ese mal estado, aun puede tener una excusa pasar por ese mal rato, quizás por hacerlo como purga de una mala acción propia llevada a cabo, aunque sea inconscientemente.
Pero...¿me ha merecido la pena pasarlo por la acciones cometidas por una persona totalmente inconsciente de sus actos y palabras? definitivamente NO.
Recuerdo otros momentos como los vividos esta mañana, y tampoco, tampoco merecieron la pena en absoluto. Aunque he de decir que fueron mucho más graves, pero la verdad, me he visto por el mismo camino y he decidido retroceder a toda prisa.

Como conclusión he llegado al punto de decidir llevar a cabo el título de este post. Además de alejar agentes físicos externos de mí, que en un ínfimo 10% los puedo culpar, tengo que pararme, mirarme hacia adentro y ver lo afortunada que soy de ser cómo soy; tras esto, levantar la vista y ver lo afortunada que soy de tener lo que tengo en esta vida y de tener a las personas que tengo a mi lado. Estoy en ello, amigos.
Hacía días que no hablaba con Anedrín, hoy, curiosamente, ha tenido tiempo. Me ha resultado reconfortante la charla, aunque no haya sido profunda en demasía, pero es como si hubiera aparecido como muestra de esas personas que están ahí. Gracias. Y a mi Maestra, consuelo diario para mi vida, como no.

El otro día, escuché decir al Océano que una de las acciones que más le gustaba llevar a cabo últimamente era la de pedir perdón. Cuánto se equivoca. Creo que su espíritu aun no ha echado matrícula en ninguna escuela y ni tan siquiera lleva la misma "L" de novato que lleva el mío.
Cierto, la acción de perdonar es totalmente loable, pero no deberíamos de gozar tanto de ella. No, por la sencilla razón de que esa acción es resultado de haber obrado mal, ¿y puede alguien gozar después de haber obrado mal?, lo dudo, o al menos, no debería ser una acción de la que regocijarse.

Es mucho más hermoso tener que pararse a dar las gracias a cada segundo de nuestra vida. Cosa que no para de repetirse en mis posts. Gracias a esas personas que nos rodean, ello es señal de que realizan acciones merecedoras de recibirlas y a su vez señal del amor que nos demuestran por medio de ellas.

Es por ello que mi rabia se está transformado en el reflejo del amor de esas hermosas personas.

Talismán.