19 agosto 2007

La fuerza de los sentidos

De nuevo un paisaje familiar, un espectáculo natural ante mis ojos, una nueva compañía...La época estival nos da estos regalos, aunque siempre incompletos. Una sonrisa, una mirada, una caricia, un beso, siendo el entorno el único y verdadero protagonista.
Nuestros pasos se adentraban hacia el más recóndito y peligroso de los rincones, un pié tras otro, sin ayuda alguna de la luna, sólo la de nuestras pupilas, nuestras manos y nuestra intuición. Donde el viento de levante azotaba con más fuerza, el Atlántico bravío castigaba el perfil inquieto de las rocas haciendo salpicar pequeñas gotas en nuestros rostros y rugiendo sin dejar espacio sonoro alguno para las palabras...y ese maravilloso olor, no pude respirar lo bastante, quería más, me faltaban pulmones para intentar quedarme con esa sensación eternamente, sólo pensaba en eso, inmortalizar ese momento en todos mis sentidos, haciendo caso omiso a los recuerdos y a los posibles sentimientos de un futuro próximo.
Llegamos a nuestro destino, un espacio estable para nuestros pies, bajo seres que lanzaban su mirada al horizonte en un lugar artificial creado para ello, ignorantes de que bajo su estancia se estaba creando un momento irrepetible. El viento alejaba sus risas de pandilleros, y allí, donde estábamos, también cumplía su cometido. La Levantera se adentró por nuestras ropas, rozándonos la piel, y en ese momento en que todo exteriormente parecía amor, ternura, complicidad, comprensión, años de confianza...en mi cabeza reinaba sólo lo que percibían mis sentidos, porque sabía que todo era una estampa.
El aire y la arena rozaban mi piel con más intensidad que sus manos, entre los huecos que dejaban nuestras caricias, dejando arena en la comisura de nuestros labios...las olas hacían más ruido que sus palabras...la oscuridad, las estrellas y todo el universo infinito tenían más fuerza que su mirada...nuestros labios estaban dulcemente contaminados de salina impregnando de sabor nuestros besos...y el olor del mar era más intenso que el perfume de su cuello.
Por una vez, y en ese preciso instante, los recuerdos no me traicionaron, dejaron paso sólo y exclusivamente al presente, pronunciando un cordial 'hasta luego', sabiendo que existían pero sin molestar.
Ahora, en el momento que escribo estas palabras, no puedo evitar recordar mis estados anteriores, cómo me sentía en otros momento en los que la naturaleza fue una cómplice esencial, aunque no con tanta fuerza sobre mis sentidos y sí sobre mi interior, haciendo fácil la construcción de metáforas, en las que el Mar actuaba conscientemente, la Roca observaba su vida desde las profundidades, existían pescadores a los que escuchar e infinidad de elementos daban vida interior a una simple estampa.
Espero que algún día el momento sea completo y exista un perfecto equilibrio entre el alma y los sentidos y estoy segura, en que ese momento.......llegará.......

Duendecilla