Que mis sueños acunen mi realidad
Cada vez que aminora la velocidad en el viaje, las imágenes a través de los cristales se hacen más grandes y claras, los objetos, las personas...todo, cobra su forma dejando así de ser ráfagas fugaces de luz, abstractas y sin sentido alguno. Mis ojos se maravillan, pero me doy cuenta que no sé qué nombre darle a todo lo que me rodea, estoy perdida, y si bajara del tren, no sabría por dónde caminar, ni a dónde dirigirme, ni tan siquiera sería capaz de distinguir entre aquello que me hace bien o mal.
Recuerdo que ahí afuera hay terreno fanganoso en el que me puedo hundir, hay aguas calmadas, donde poder darme un plácido baño y hay aguas tempestuosas en las que es mejor no adentrarse. Existen hermosos miradores en los que sentarse a respirar aire limpio y puro y cuevas oscuras y laberínticas donde es difícil encontrar la salida...hay eso, y mucho más, pero después de tanto tiempo viendo figuras deformadas al otro lado, soy completamente incapaz de distinguir los elementos.
Es en ese preciso instante en el que el miedo se apodera de mí, y al ser dueña de mis actos, al haber decidido montarme en este tren, me niego en rotundo a bajar, a enfrentarme, a recordar, a hacer el ejercicio de identificación, y entonces yo misma decido que no es el momento, pero ¿y si en cualquier instante de estos en los que viajo a 20 por hora identifico el lugar, el sitio exacto dónde yo tendría que estar, y no da tiempo a bajar?.
Y es así como pienso la vida al revés, donde las estaciones están abarrotadas de gente esperando a ese tren en el que montarse, ese que sólo pasa una vez en la vida, aprovechando oportunidades, teniendo su interior despierto; y miro hacia atrás y me doy cuenta que llevo la vida viajando.
Quisiera que mis sueños acunaran mi realidad, que dieran respuestas a mis preguntas haciendo desaparecer mis miedos, quisiera cerrar los ojos y ver todo nítido, sin interferencias y cómo en el Mago de Oz, tener un camino bien marcado de amarillo donde tener muy claro por dónde pisar, y entonces, al despertar sentir que los motores han parado y que estamos en esa precisa estación, en esa donde aparecen las escenas de mi sueño.
Y soñando que sueño, apago mis letras, me rindo al cansancio y sólo espero que me despierte una nana.
Duendecilla

