Rutas que pude recorrer
Siento una tristeza inexplicable, como si fuera una extraña para mí misma. Entiendo en cierta forma lo que me ocurre. Al ser cómo soy no puedo evitar analizar mi estado de ánimo, y lo que hace mi tristeza inexplicable, es que nunca me he sentido así por los motivos que creo que me siento.
Dicho esto, y aunque no tenga nada que ver con el tema que acabo de plasmar, paso a escribir sobre lo que tenía pensado antes de sentarme frente a mi gabinete.
Rutas que pude recorrer. En las últimas 24 horas he pensado sobre ello. Al estar en el sitio que me vió crecer, donde existe una aplastante tranquilidad, he meditado. Sí, han venido recuerdos a mi mente, aquellos que os comenté he guardado en el trastero de mi alma. Al abrir esa puerta por primera vez, he comprobado que es el sitio idóneo para guardarlos.
Me he imaginado cómo hubiera sido mi andadura por cada uno de esos caminos que he dejado atrás, y qué paisaje estaría contemplando ahora si estuviera por cada uno de ellos.
Podría estar ante un campo de fresas, o por tierra catalanas. Podría estar cuidando de cualquiera de los que hubieran sido mi familia de una forma rutinaria, sin haberme movido del lugar....o viviendo a las puertas de la que ahora es mi ciudad, rodeada del amor de mi compañero y del de todos sus amigos. Otro camino hubiera estado entre este sitio y el otro lado del estrecho, o incluso también podría estar entre este lugar y al otro lado del gran océano, donde en estos momentos es pleno día. Ha sido curioso imaginarme todos esos paisajes.
Sin embargo, no estoy en ninguno de ellos, estoy aquí, viviendo el momento que me ha brindado el haber recorrido esta ruta. El paisaje que puedo ver no es ni peor ni mejor de los que me he imaginado, simplemente es el real. De lo que sí estoy segura es que en cada bifurcación de la senda de mi vida me he parado a pensar, durante más o menos tiempo, y eso sí que nunca ha cambiado en mí. Aunque el destino me haya puesto en cada uno de esos lugares, y me haya dejado llevar por algunos tramos, siempre he sido una persona razonable y analítica, y he pisado fuerte cuando he dado mis primeros pasos trás un cruce.
Desde mi forma de ver la vida, antes y ahora, nunca he conocido el sentimiento de arrepentimiento en demasía, sólo en aquellas situaciones en las que efectivamente he obrado mal durante algunos de mis pasos, pero nunca me he arrepentido de haber recorrido un tramo entero entre cruce y cruce.
Amigos, de todo hay que aprender, de todo hay que ver el lado bueno y el lado malo, todas las historias son alimento para nuestro crecimiento interior donde nunca debe germinar ni una pizca de rencor.
En este momento, tengo una Maestra que me acompaña, a la que quiero con la máxima pureza que puede brindar mi ser. También anda a mi lado esa hermosa constelación de Cassiopea, aunque la vea lejos de mi, alumbra mi camino de vez en cuando. Está el Jardinero, que cuida de los jardines que nos rodean, aunque a veces curiosamente se esconda para hacerlo, sé que lo hace con las mejores de sus herramientas, para que no crezcan malas yerbas. Anedrín, aunque tenga ocupado su corazón, seguro nos tiene presente. El Dios del Amor, que posiblemente me visite en breve, haciéndome mirar de reojo, a mi Osito de Almohada. Estos son los que andan más cerca de mí y algunos otros pasan a saludarnos de vez en cuando. El paisaje que tenemos alrededor está lleno de suave y cálida luz, de frescas fuentes y de verdes matorrales. Procuramos no utilizar ningún tipo de prismático para ver que hay y quiénes en los próximos kilómetros. Quizás pasemos por la costa, y el Mar nos acompañe cuando llegue la época plenamente veraniega, con alguna sirena, o en solitario con sus aguas en calma. O quizás sigamos caminando por tierra de secano. Quizás el camino siga siendo llano, o encontremos una cuesta pronunciada hacia abajo, o hacia arriba, no sé....
De lo que sí estoy segura es de que mi alma necesita seguir caminando junto a ellos, necesita tener brazos que puedan ayudarme en caso de caida, o que mis brazos puedan estar ahí para ayudar a levantarse a alguno de ellos. Necesito cada una de su presencia para poder ir cantando cuando la felicidad nos invada sobre la marcha, y meditar junto a ellos cuando sea necesario. Necesito que cuando recorramos miles de kilómetros, al mirar atrás, seguir estando orgullosa de no arrepentirme al no haber pasado por aquellas...rutas que pude recorrer.
Talismán

